• Los Tranquilizantes y la Automedicación

    Los Tranquilizantes y la Automedicación

    Cada vez hay más personas que debido a un ritmo de vida acelerado, la acumulación de tensiones y la mala canalización de expectativas y sentimientos, puede sufrir procesos de ansiedad, insomnio y estrés.

    En ocasiones, la solución a esta sensación de malestar psicológico es la medicación. En estos casos, los psicofármacos pueden ser una ayuda para encauzar un problema psicológico o de conducta, ya que regulan la acción de ciertos neurotransmisores, mejorando sustancialmente los síntomas negativos que percibe el afectado.

    Los psicofármacos, entre ellos las benzodiacepinas o  comúnmente llamados “ansiolíticos”, forman parte de un amplio grupo de sustancias farmacológicas llamadas “drogas legales”. Fueron desarrolladas en todo el mundo a partir de la Segunda Guerra Mundial, junto al avance de nuevas tecnologías orientadas a la protección de la salud.

    La prescripción de psicofármacos debe ir acompañada siempre de un tratamiento psicológico adicional. Si no se encuentra la verdadera causa del problema, difícilmente se llegara a una solución, y tampoco se podrá frenar la toma del fármaco (cuyo fin es la estabilidad transitoria del problema, y no la medicación crónica)

    Sin embargo, cada vez son más los pacientes que recurren a estos medicamentos, sin prescripción médica. La automedicación, así como la falta de adecuación de la posología, son las principales causas por las cuales muchos pacientes toman una dosis de medicamentos superior a la recomendada.

    Muchos psicofármacos producen dependencia psicológica y física, y esto obliga a que, cuando se tenga que retirar el fármaco, la deshabituación debe ser lenta y progresiva. El primer paso es desintoxicarse y luego, llevar adelante un tratamiento ambulatorio. Este método ayuda a evitar posibles recaídas y el muy famoso “efecto rebote”, que no es otra cosa que la percepción de los síntomas negativos que tenía el paciente antes de iniciar el tratamiento.

    Al parecer, la mujer es más propensa al consumo de psicofármacos, aunque el consumo se da en ambos sexos, pero en los últimos años ha habido un crecimiento alarmante tanto en la indicación médica como en la automedicación de estos psicofármacos en mujeres, en la actualidad esta es una de las principales sustancias activas, junto con la ingesta de alcohol.

    En el caso de los psicofármacos, la automedicación (que incluye también la recomendación a un familiar o amigo de un fármaco que a nosotros nos había funcionado en un momento determinado) aún puede ser más grave, tanto por los efectos que puede causar como por las posibles interacciones con otros medicamentos que se estén tomando.

    No tomemos nunca un fármaco de estas características sin el control y asesoramiento del especialista. Consultémosle cuando se dé un problema de ansiedad, insomnio, depresión o cualquier otro problema psicológico.

    No mezclemos los psicofármacos con alcohol ni otras drogas.

    No aumentemos nunca la dosis del fármaco, ni suspendamos de golpe el tratamiento por cuenta propia.

    Es importante tener paciencia y creer firmemente en los especialistas. No les presionemos si no nos prescriben rápidamente un fármaco; a veces hay medidas y tratamientos intermedios que ayudan a mejorar la sintomatología y la problemática sin necesidad de la administración inmediata de un psicofármaco.

    Por favor, no te automediques.

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