• Hablemos de la diabetes

    Hablemos de la diabetes

    Muchas personas ya saben que la diabetes es la incapacidad del cuerpo para procesar los azúcares y féculas adecuadamente. El cuerpo digiere unos alimentos y convierte todos los hidratos de carbono en glucosa, es decir, el azúcar presnete en la sangre. Luego el páncreas debe detectar esta entrada repentina de glucosa, y como respuesta producir la hormona llamada insulina. La insulina es necesaria para permitir que los diversos órganos del cuerpo, el cerebro, los músculos, el hígado, etc., extraigan la glucosa de la corriente sanguínea y la usen inmediatamente o la almacenen para cuando la necesiten más adelante.

    La necesidad de azúcar del cuerpo es constante, pues sin insulina nos mareamos, nos desmayaríamos, entraríamos en un coma y poco después moriríamos. Podemos imaginarnos que cada célula en nuestro cuerpo tiene una cerradura y que la insulina es la única llave que permite entrar. Si las células permanecen cerradas, los azúcares no pueden entrar y siguen circulando inútilmente por la corriente sanguínea donde no hacen nada de bien, por el contrario causan mucho daño.

    Lo que la mayor parte de la gente no sabe es que la diabetes no es solo como procesamos los azúcares, es también la imposibilidad de procesar adecuadamente las grasas que ingerimos. Cuando comemos grasas, ya sean de carne, de aceites vegetales o de productos lácteos, es también la insulina la que debe transportar los ácidos grasos, que son el componente básico de las grasas, de la corriente sanguínea hasta los tejidos del cuerpo, donde deben alojarse y estar. Allí serán usados, inmediatamente como combustible o se almacenarán para un uso futuro, en la forma que conocemos como triglicéridos o simplemente grasa.

    Realmente, la diabetes podemos considerarla como la incapacidad del cuerpo para administrar bien su abastecimiento de combustible. La obesidad viene a ser una mala administración del combustible, debido a una nefasta combinación de factores genéticos y del estilo de vida. El cuerpo está diseñado para manejar el exceso de energía -que llamamos calorías- por una buena razón. Durante casi toda la historia de la humanidad, asegurarse un abastecimiento continuo y suficiente de comida ha sido el más grande y más importante desafío.

    La abundancia y la escasez se alternaban; para adaptarse, nuestros cuerpos ahorraban la energía que sobraba de hoy, pues sabían que mañana tendríamos que quemar el combustible ahorrado para poder sobrevivir. De allí que este tipo particular de obesidad concentra la grasa en la zona abdominal: las extremidades siguen siendo flexibles para facilitar el trabajo manual. La civilización ha hecho muchos esfuerzos para erradicar el hambre, pero a costa de nuestras cinturas y nuestros sistemas cardiovasculares.

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